Miedo

En la cima de mis rivales

está el miedo.

Ese que se asoma en la sorpresa

y me hace sentir enano.

Saco todas mis armas para vencerlo, 

sin embargo, 

es tan grande 

como  el adversario del Quijote.

Vivo la lucha 

que algún día escribió mi mente

cuando estaba distraído. 

Entonces, sin dar mi consentimiento, 

el sabor de la adrenalina 

se tornó amargo y amenazante

como un veneno que extingue la vida.

El miedo, mi más grande enemigo, 

me espera cuando intento subir. 

Ataca si oso ir más allá

y pausa el futuro que quiero vivir. 

Usaré la lógica de un ajedrecista, 

la tenacidad de Holmes, 

la mente de las 

infinitas posibilidades del hacker 

y la sabiduría 

del maestro Zen para vencer.

El miedo, será 

el vino que tomaré 

cuando esté en las cimas. 

Lo desterraré de mi cuerpo

y haré fogatas con él

para cocinar futuros sin límites.

El miedo, mi miedo:

una jugada que trazó mi mente

quien sabe para qué.

El miedo, quien sabe qué seríamos sin él.

Ansiedad

Hoy no escribo para una idea.

Presiono el bolígrafo

para exprimirle un acento,

o un punto y coma que me haga parar.

A veces, las letras de la vida no cesan.

Se vuelven una paranoia sofocante.

A veces, las palabras no riman

y desespera encontrar sintonía.

Un río de palabras perdidas se oye.

Un montón de versos sin papel resuenan.

Mil renglones tachados retumban mis sentidos

y un puñado de hojas se enciende por la inutilidad.

Vivo bajo una tormenta de letras.

Letras tan densas, que borran el camino.

Pronto estaré sumergido en un pantano,

cubierto con mis propias letras.

En este episodio de mi vida,

nublado por un discurso ansioso,

sin salida y abrumador,

lo único que necesito es

sentarme, respirar y aprender a vivir con mis letras.

Letras de la vida (Jaime Gómez Castañeda)