La lluvia

Un cielo de julio estaba sobre nosotros.
Las nubes, de un gris oscuro,
nos prevenían de la inminente lluvia.

En frente de nosotros, un lago silencioso,
rodeado de basta vegetación
y una cabaña que expulsaba humo de su chimenea.

Elegimos esa tarde, ese lugar
para estar el uno con el otro:
mirarnos sin futuro, ni pasado,
tocar nuestras manos sin prisa,
hablar sin importar los acuerdos,
reírnos y compartir la espontaneidad.

Llegó la lluvia y borró un tanto la apariencia.
Vi que no supiste que hacer:
si guardar los aperitivos o besarme entre la lluvia.
Yo también me vi sorprendido:
o levantaba la sábana en la que nos sentamos,
que ya estaba mojada,
o te acercaba junto a mí para protegerte de la lluvia.

Al mismo tiempo, nos sentamos y echamos a reír.
Nos pusimos uno al lado del otro y solo disfrutamos la lluvia.
Aquel día, aquella tarde, aquel sitio, aquel lago, ya nos pertenecía.
Ambos lo sabíamos cuando nos abrazamos.

La lluvia cesó y comenzamos a guardar las cosas.
Me pediste guardar el momento con una fotografía
y yo sonreí.

Hombre sin metas

El ingenio, es el arma que utiliza 
para disparar proyectos y crear posibilidades
que pocos vemos en el espacio imaginado.

No es de muchas letras,
sin embargo, le sobran estrofas
para plasmar lo que está en su mente y sus manos.

Desempeña su trabajo
como si se acabara el mundo
y nadie lo haría mejor que él.

Su inteligencia es prodigiosa,
pero la rebasa el corazón
que le pone a todo por su familia.

Me enorgullece su trayectoria.
Ha escalado sus montañas
y ha visto otras en el horizonte.
Para un tipo como él, no existen las mentas.
Las metas están hechas para los que se conforman.

Se guía por las rutas infinitas
del pensamiento matemático.
Ahí, no hay metas, solo creación.

Te vi como un ejemplo
cuando íbamos rumbo a tu boda.
Supe que habías crecido y ya eras un adulto.
No entendí más, hasta después.

Tus hijos te apodan "papá"
y lo atestiguo con admiración,
porque cuando lo pronuncian,
en sus voces se asoma el amor con que los has tocado.
"Papá" o "Papi" son el eco de tu amor en ellos.

La vida que estalla en cada latido de tu corazón,
hoy nos recuerda que aún falta mucho por quererte,
admirarte, abrazarte y reír de tus ocurrencias.

¡Felíz año 44!