La Casa de Abajo abre nuevamente sus puertas

En 2021 publiqué La Casa de Abajo. Volumen I. Han transcurrido cinco años desde entonces y, durante ese tiempo, varias personas me han hecho la misma pregunta:

¿Cuándo saldrá el siguiente libro?

La respuesta ha tardado más de lo que yo mismo hubiera querido.

La vida, con sus luces y sus sombras, me llevó por caminos que no imaginaba. Algunas experiencias personales pusieron a prueba mi salud y transformaron profundamente mi manera de mirar el mundo. De hecho, una de esas vivencias terminó convirtiéndose en otro libro que muy pronto también verá la luz.

Nunca fue falta de entusiasmo, ni de creatividad, ni mucho menos el abandono de este proyecto. Al contrario, La Casa de Abajo permaneció conmigo todo este tiempo, esperando el momento oportuno para volver a abrir sus puertas.

Hoy me alegra compartirles que ese momento ha llegado.

Ya estoy escribiendo las primeras páginas de La Casa de Abajo: Antes de la casa, una obra que nos llevará varios siglos atrás para descubrir el origen de ese lugar donde convergen historias, memorias y misterios.

Siento que, durante estos años, la casa ha permanecido en silencio. Ahora ha decidido volver a hablar.

Y yo solo soy quien escribe lo que ella quiere contar.

Nos vemos muy pronto, nuevamente, en La Casa de Abajo.

Camino al cielo y los recuerdos de una infancia feliz

Cuando era adolescente, solía ver algunos capítulos de Camino al cielo, aquella entrañable serie protagonizada por Michael Landon y Víctor French. Hoy conservo recuerdos vagos de muchas de sus historias, pero hay algo que permanece muy vivo en mi memoria: la figura de aquel ángel terrenal que llegaba para ayudar a las personas en momentos difíciles.

También recuerdo con claridad la música de la introducción y la imagen de Michael Landon caminando por una carretera, pidiendo aventón mientras se dirigía hacia una nueva misión.

Junto a esos recuerdos aparecen otros igual de valiosos: mis vacaciones en Guadalajara. A finales de los años ochenta y principios de los noventa, la serie era transmitida por un canal que aún no podía verse en mi pueblo, Unión de Tula. Creo que era el Canal 5 de Televisa. Por eso, cada vez que visitaba la ciudad, tenía la oportunidad de encontrarme con aquellos episodios que me transmitían algo difícil de explicar, pero fácil de sentir: esperanza, paz y fe en la bondad humana.

Ahora que he vuelto a ver la serie completa, experimento oleadas de nostalgia. Sin embargo, por encima de la nostalgia, siento una profunda felicidad. La serie me ha permitido reencontrarme con una etapa de mi vida que recuerdo con cariño y gratitud; una infancia feliz que contribuyó de muchas maneras a la persona que soy hoy.

Camino al cielo es una serie que vale la pena ver, independientemente de las creencias religiosas de cada quien. Más allá de su temática espiritual, habla de la compasión, la empatía, la solidaridad, el altruismo y la capacidad humana de tender la mano a quienes lo necesitan.

En tiempos en los que abundan las historias de violencia y confrontación, volver a una serie que nos recuerda la importancia de hacer el bien resulta no solo agradable, sino también necesario.

Si tienen oportunidad de verla, no se la pierdan.