Las tardes

Todavía está en las tardes, tu llegada a casa, después de la jornada.
El motor de tu camioneta, y a veces el claxon, avisando que ya has llegado.

Puedo voltear hacia la puerta de la casa
y ver tu imagen ingresando: el sombrero, la playera blanca y el pantalón color beige.

Las tardes que alguna vez compartimos, estaban selladas con acompañamiento paternal.
Ver un partido de fut bol en la televisión, esperar la cocción de unas semillas de calabaza,
disfrutar de los elotes en agosto y septiembre, volvían los instantes únicos. Familiares.

No había mucha plática. Era simplemente compartir la tarde, disfrutar el final del día.

Nunca vi el cansancio en tu cuerpo.
Llegar a casa, era hacer otras actividades, no caer en un estado totalmente sedentario.
Era frecuente, sentir tu necesidad de darnos compañía y que estuviéramos contentos.
Después de mis 30, era muy agradable que nos compraras unas cervezas, botana o refresco.

Llegaba la hora de la cena y era común verte bañado,
peinado y perfumado tomando tus alimentos en la barra de la cocina.

Ya, un poquito noche, tu televisión encendida
era señal de que ya estabas acostado, reponiendo energías
para regresar a la jornada del día siguiente.

Hoy, es otra tarde que no comparto contigo.
Un poema abre tu recuerdo
y la tarde de este día, me insiste nuevamente,
que hace tiempo que partiste y no regresarás.

Te extraño en el viento
que no puedo atrapar
y conservar para siempre.

Te extraño en las horas que terminan pronto,
y no alargan más sus minutos.

Te extraño en el sol que se oculta cuando tiene que hacerlo,
y no hay nada que hacer.

Te extraño en la lluvia, que refresca dos parcelas con maíz,
porque sé que ninguna cosecha será igual.

Te extraño en el canto de las golondrinas,
porque sé que son libres
y que no cantarán cuando yo lo diga.

Te extraño en ese rancho que dejaste,
porque sé que muchos ya lo han dejado para no regresar.

Te extraño en la familia
porque sé que no volveremos a estar completos.

Te extraño en ese último abrazo. Papá.

Érase una vez “El hombre”

El miedo se ha apoderado del mundo, del miserable y ridículo ego del hombre.
Se dice que El hombre está en la cumbre de la cadena alimenticia. Falso.
La suerte del Hombre lo ha puesto ahora en el hoyo de una cucaracha: encerrado, 
enclaustrado, pensando y viendo pasar el día y las noticias como si viviera el mundo
 desde un búnker pos apocalíptico.

Qué frágil eres Hombre. Me das risa y al mismo tiempo vergüenza y pena.
El poderoso homo sapiens encerrado en su propia casa, 
destinado a ver por televisión la 6ta temporada del COVID-19.

¿Qué harás? Acatarás lo que se te dice como fiel sabueso para respetar
el mandamiento de “¿no rebelarte a tus mayores”?

Tu libertad es tan pobre como tu conocimiento de ti mismo.

Ahora, Hombre, eres frágil.
Tienes miedo no sé de qué.

Ahora valoras más lo que algunos pudieran o pueden hacer por ti.

Hombre: me siento y te contemplo. Muevo mi cabeza en dos sentidos
 y echo a reír. Cómo me río... me mofo de ti, de tu incapacidad para gobernar la paz; 
me río de tu soledad, de tu individualismo, hasta de tu corriente significado de la vida.

Eres una broma. No tienes valor para enfrentar la realidad que has creado. 
Esa que te tiene ciego, gordo de mentiras y tonto de tus tonterías.

¿En qué te has convertido?:
¿en esclavo del internet?
¿en un iluminado por los influencers?
¿en un ser “informado”?
¿en un ser “equilibrado”?
Yo sé en qué te has transformado:

Eres un caminante sin camino, porque no sabes a dónde te llevan tus pasos. 
Cuando eliges un camino, de inmediato cambias de parecer tomando otra dirección
por culpa de tu ser curioso e inquieto.

Eres un sueño que no ha despertado.
Eres un pedazo de música que no encuentra su final.
Eres un grano de arena en el desierto que cree que todos lo ven.
Eres un náufrago sin isla.
Eres una puerta sin cerradura.
Eres una cerradura sin puerta.
Eres un globo perdido entre las nubes.
Eres “érase una vez”, una y otra vez. Eres un cuento que se repite de muchas maneras.

Eres la fe perdida, el Dios imaginario.
Eres un niño que juega a atrapar estrellas en el día, cuando todos están dormidos.
Eres la palabra mal escrita.

Hombre, vuelve tu mirada hacia ti y recompone el sentido.
Hombre, vive libre, encuentra tu ficción posible.
Desafía tu pobreza espiritual y a la palabra que gobierna tu cansancio.
Libérate de la ambulancia que viene por ti y respeta el lugar que ocupas en el universo.

Jaime Gómez Castañeda
4 Abril 2020